Aves: Un motivo más para querer vivir acá...

Como si fuera poco regalo el hermoso verde que nos acompaña donde vayamos en nuestro querido City Bell.., hay un agregado que no por visible es a veces lo suficientemente registrado y valorizado.., y son los pájaros.

De todo tamaño, canto y color, forman parte de nuestro entorno auditivo y es un gusto muy grande intentar “elegir” escucharlos casi siempre por sobre el bullicio de nuestras calles.., las que antes eran tan tranquilas..

Benteveos, calandrias, horneros, zorzales, cotorras, picaflores, tordos músicos, jilgueros, gorriones, golondrinas, chimangos, palomas domésticas, cabecitas negras, torcazas, nos acompañan cada día aún en las zonas de más movimiento de vehículos y de gente.., y son permanentes visitantes de nuestros parques y jardines..

Y en otras zonas del pueblo, picabueyes, pirinchos, cardenales, chincheros, estorninos, chiflones, como así también teros reales, garzas, cuervillos, y patos sobre los arroyos vecinos.., completan ésta oferta impresionante de belleza al alcance de todos..

Invito humildemente a disfrutar de éste regalo, a que miremos más para arriba, y también como un ejercicio adicional que nos favorecerá siempre, a que aprendamos a reconocer sus cantos y sus nombres, y a compartir éstos sencillos conocimientos con los que tenemos cerca, con la certeza de obtener ganancia purísima para el espíritu.


moni




El poeta se despide de los pájaros
(Pablo Neruda)


Poeta provinciano,
pajarero,
vengo y voy por el mundo,
desarmado,
sin otrosí, silbando,
sometido
al sol y su certeza,
a la lluvia, a su idioma de violín,
a la sílaba fría de la ráfaga.

Sí sí sí sí sí sí,
soy un desesperado pajarero,
no puedo corregirme
y aunque no me conviden
los pájaros a la enramada,
al cielo
o al océano,
a su conversación, a su banquete,
yo me invito a mí mismo
y los acecho
sin prejuicio ninguno:
jilgueros amarillos,
tordos negros,
oscuros cormoranes pescadores
o metálicos mirlos,
ruiseñores,
vibrantes colibríes,
codornices,
águilas inherentes
a los montes de Chile,
loicas de pecho puro
y sanguinario,
cóndores iracundos
y zorzales,
peucos inmóviles, colgados del cielo,
diucas que me educaron con su trino,
pájaros de la miel y del forraje,
del terciopelo azul o la blancura,
pájaros por la espuma coronados
o simplemente vestidos de arena,
pájaros pensativos que interrogan
la tierra y picotean su secreto
o atacan la corteza del gigante
o abren el corazón de la madera
o construyen con paja, greda y lluvia
la casa del amor y del aroma
o jardineros suaves
o ladrones
o inventores azules de la música
o tácitos testigos de la aurora.

Yo, poeta
popular, provinciano, pajarero,
fui por el mundo buscando la vida:
pájaro a pájaro conocí la tierra;
reconocí dónde volaba el fuego:
la precipitación de la energía
y mi desinterés quedo premiado
porque aunque nadie me pagó por eso
recibí aquellas alas en el alma
y la inmovilidad no me detuvo.











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