Hermenegildo Valpreda, carpintero.

Entrevista a su hija Elsa y datos obtenidos del semanario “Hechos y Personajes” Nº 57


Hermenegildo nació el 10 de mayo de 1900 en Villafranca, en el Piamonte, Italia

Hizo el servicio militar en el famoso cuerpo de Alpinos y siendo aún un adolescente, participó en la Primera Guerra Mundial

Soldados del cuerpo de Alpinos. Hermenegildo: el primero a la derecha de la cruz

Dejando atrás la guerra, llegó a la Argentina en el año ’30 a bordo del "Conte Verde" con su oficio de carpintero (“falegname” como indica su pasaporte).


Pasaporte de Hermenegildo


Vino solo a la Argentina, a probar fortuna siguiendo a dos hermanos mayores, Luis y Atilio, que se habían instalado años antes en Berisso. Aquí trabajó en el ferrocarril, haciendo arreglos generales y trasladándose de una estación a otra en los vagones habitación, a la cola de las formaciones. Cubrió distintos ramales del país llegando hasta la provincia de Córdoba. En algún momento, trabajando para el Ferrocarril Sud pasó por City Bell; le llamó la atención el nombre y pensó que cuando viniera a radicarse definitivamente, lo haría en ese lugar.

Cuenta Elsa, su hija, que don Hermenegildo tenía su novia en Italia y al año de su llegada a la Argentina volvió a buscarla. Su idea era casarse allí y volver con su flamante esposa, pero la familia de la novia se opuso a que ella viniera tan lejos, a la Argentina, y es así entonces como esa relación se terminó…

Hermenegildo conoció entonces a Verónica Sesia con quien efectivamente se casó el 15 de septiembre de 1931 y trajo a vivir acá ese mismo año (ella tampoco tenía aprobación familiar pero decidió afrontar el cambio). “Era lógico que los padres no quisieran que sus hijas se vinieran para acá, porque lo más probable era que no las viesen más. Pero mi mamá estaba totalmente decidida: casi se escapó”, dice Elsa.


Pasaporte de Verónica

Verónica Sesia y Hermenegildo Valpreda

Llegaron a City Bell con la mayor de las hijas ya “en camino”. Después de haber sido hospedados por Gismano (constructor de muchísimas casas en City Bell), la Sra de Angeloni, Marchesotti, Frías y Del Tuffo, en el año 1933 se instalaron en la casa de Cantilo. El año anterior había nacido Renata, la primera hija del matrimonio y ya instalados en la casa, nació Elsa. 

Elsa y Renata
 La casa consistía entonces en dos habitaciones que daban a una galería abierta. La habitación que daba a Cantilo ofició durante 10 años como carpintería hasta que Hermenegildo pudo levantar su taller a continuación de la casa, hacia el fondo. La casa aún conserva con orgullo algunas puertas y ventanas construidas en aquella habitación 

La familia en el frente de su casa de Cantilo


Con los primeros ingresos Hermenegildo comenzó a pagar las cuotas de dos terrenos adquiridos a la Sociedad Anónima City Bell y cuyas libretas de pagos son conservadas por la familia. Él prometió a su familia que cuando terminara de pagar las cuotas, irían a Buenos Aires a comer... La promesa fue cumplida con una visita a Las Cuartetas, donde comieron “minestrone”, una típica sopa espesa parecida a un guiso.



Si bien el trabajo con madera era una actividad frecuente de los hombres de aquella época, se reconoce a Valpreda como el primer carpintero profesional del pueblo. La mayor parte de portones, cercos y tranqueras que se ven en las antiguas fotografías impresas en las publicidades de loteo de terrenos de aquella época, fueron obra de Hermenegildo.

Siendo Villa Elisa más antigua que City Bell y con mayor población, ofrecía más oportunidades de trabajo y es así como en los primeros años de instalado, Hermenegildo se trasladaba hasta Villa Elisa en bicicleta, con su caja de herramientas y allí empezó su actividad.

La madera (mayoritariamente de cedro) era provista por un par de aserraderos de La Plata. Originalmente los carpinteros concurrían y elegían personalmente los rollos (troncos) y se los enviaban por flete; con el correr de los años Hermenegildo estableció una relación muy fuerte de confianza con sus proveedores y encargaba la madera a través de un corredor.

Hermenegildo contaba con la ayuda de las tres mujeres de la familia para muchas de sus actividades, como el traslado de terciados o el lijado de maderas, que por falta de máquinas se hacía totalmente a mano. Si la casa donde estaba trabajando estaba más o menos cerca, Verónica enviaba a las niñas para que le llevaban el mate cocido de la tarde.

Cuenta Renata en la nota de HyP: “Teníamos un grupo de chicos de la misma camada y que vivían todos por acá: Olga y Haydée Pontalti, Gladys Valente y Luis y Carlos Büchele. Con ellos nos íbamos con el juego de mate a treparnos a los ombúes de Jorge Bell. Mi mamá nos miraba desde la puerta de casa ¡si estaba todo descampado!”

Tiempo después, cuando comenzó el mayor desarrollo de City Bell y Hermenegildo tuvo instalada su carpintería, la jornada empezaba a las 5 de la mañana; se hacía una pequeña pausa después del almuerzo que era aprovechada para dormir una pequeña siesta en un sillón viejo ubicado en la galería y se terminaba a las 17. A partir de ese momento empezaba el tiempo de ocuparse de la quinta familiar. 



Como era costumbre de la época, cada casa contaba con una importante huerta que satisfacía casi totalmente las necesidades familiares. En la casa había también parras y se criaban unas 100 gallinas.

Elsa recuerda que para la época de las fiestas un vendedor recorría las calles arriando decenas de gansos. Los clientes elegían al animal de su predilección y el vendedor los enganchaba con una vara y un gancho en la punta 

En City Bell, uno de los trabajos que nuestro personaje realizó para la Asociación de Fomento, fue la construcción de unas casillas de madera utilizadas como refugios en las paradas de colectivos. En el año ‘39 se instalaron las primeras. Con el tiempo se instalaron muchas otras llegando a encontrarse una en casi todas las paradas.

Refugio de madera

Factura por tres casillas

Con el correr de los años City Bell comenzó a crecer a un ritmo acelerado y con este crecimiento se hizo muy fuerte la demanda de sus servicios. Particularmente tuvo mucho trabajo durante el gobierno de Perón.


Elsa recuerda los fuertes lazos que unían a su padre con sus paisanos italianos; la mayoría de Berisso, Ponti de La Plata y Mainero de Tolosa. También tenía a sus dos hermanos que habían venido antes que él de Italia y se radicaron en Palo Blanco. Una decena de paisanos solían reunirse en City Bell para el 1° de Mayo, para lo cual arrancaban el traslado desde Berisso el día anterior. Llegaban por tren y desde la estación venían cantando en un animado grupo. Cuando los escuchaba llegar Hermenegildo salía a la calle y les respondía el saludo, también cantando a viva voz.

La reunión empezaba en la casa pero después se trasladaban al Club Atlético que les cedía el espacio. Allí pasaban el día y la noche jugando a las bochas, a la mula, charlando, comiendo Bagna Cauda y cantando en italiano. Para apagar la sed solían traer una bordalesa de vino de la costa producido en Berisso por los paisanos.

Elsa reconoce que con Renata vivieron una infancia muy feliz en su barrio y en su casa. Su madre quedó sorda cuando ellas tenían unos 10 y 11 años, por lo que el papá tuvo que cubrir también algunos de los roles maternales. Para todo recurrían al papá. Recordemos que hasta no hace muchos años las discapacidades hacían que las personas se aislaran y perdieran vinculación con su entorno.

“Con papá podíamos hablar de cualquier tema y nos apoyaba en todo” Así reconoce Elsa y recuerda que era costumbre de la época que las hermanas menores heredaran la ropa de las mayores, así fue también para ella. En una ocasión, con un casamiento por delante, Elsa encargó una tela para hacerse ella misma un vestido nuevo y a pesar del reto de la madre, Hermenegildo la apañó y en complicidad la autorizó a que hiciera el gasto.

La situación familiar cambió dramáticamente en el año ’57 cuando Hermenegildo tuvo un ataque de presión. A partir de ese momento Humberto Cerasa, con quien Elsa se había casado en 1955, se hizo cargo de la carpintería... pero esa ya es otra historia que nos gustará escuchar en una próxima entrada...

Casamiento de Elsa y Humberto

Elsa y Humberto, sus hijos y nietos, conmemorando el 60º aniversario de casados (foto El Día)

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